Dietas bajas en carbohidratos para el tratamiento y prevención del Cáncer


El cáncer es un término genérico, amplio, que no hace referencia a una enfermedad, sino a un conjunto que abarca a más de 200 enfermedades caracterizadas por un crecimiento celular incontrolado como resultado de un cambio en la información genética de las células.  Las características principales de este grupo de enfermedades son la capacidad de invasión del tumor a los tejidos circundantes o metástasis para invadir tejidos lejanos a través de la sangre, acidosis extracelular e hipoxia (las células cancerosas no necesitan oxígeno para vivir), inflamación y sistema inmunológico reducido.

Las causas y los factores de riesgo del cáncer son diversos (Tabla 1). De ellos, los relacionados con el estilo de vida son de gran importancia: el tabaquismo, la dieta inadecuada y la ausencia de ejercicio (nuestra configuración genética está preparada para ser activos dentro de una sociedad cada vez más inactiva). Su catalogación como “externos” les confiere la característica de ser modificables por el individuo evitando exponerse a su influencia.

cancer

La evidencia científica señala que la modificación de los hábitos alimentarios es una estrategia eficaz para reducir el riesgo de cáncer y modificar el comportamiento biológico de los tumores. Asociaciones como el “World Cancer Research Fund” y “American Institute of Cancer Research” (WCRF/AICR) afirman que la dieta y la actividad física (AF) junto al tabaquismo son los principales determinantes de riesgo de cáncer, sugiriendo que aproximadamente uno de cada tres casos podrían ser atribuidos a hábitos dietéticos o de actividad física, incluyendo sobrepeso y obesidad, y otro tercio podría ser atribuido a la exposición de productos del tabaco (Kushi et al., 2012).

 

1. Guías de la Asociación Americana contra el cáncer sobre nutrición y actividad física para la prevención del cáncer

  • Mantener un peso saludable y un estilo de vida activo: Evitar el exceso de peso en forma de tejido graso que es donde se acumulan las toxinas y lo que produce desajustes hormonales. Las dietas hipocalóricas, bajas en carbohidratos simples y los ayunos intermitentes ayudan a la prevención y en la progresión de la enfermedad. Acumular un mínimo de 150  minutos semanales de actividad física moderada (caminar, nadar, trabajo en el jardín, andar en bicicleta, actividades deportivas…). Los niños deberían de hacer 1 hora de actividad física moderada-vigorosa diaria (juegos, caminar, correr, saltar…). En personas con sobrepeso u obesidad intentar acumular de forma progresiva 300 minutos de actividad moderada semanales. Además de la actividad aeróbica, incluir al menos 2 días semanales de ejercicios de fuerza (pesas, gomas y fitball, pilates…). Las actividades de cuerpo-mente (Tai-Chi, Yoga…) también favorecen la regulación hormonal y mejoran aspectos psicológicos (estrés, ansiedad, auto-confianza). La obesidad está asociada con un aumento del 20% en el riesgo de la mayoría de los cánceres y contribuye al 4-20% de las muertes por cáncer, sobre todo debido a las alteraciones hormonales, resistencia a la insulina, alteración en los factores que regulan la proliferación y crecimiento celular, inflamación y sistema inmunológico debilitado. Hay que limitar el tiempo que permanecemos sentados al máximo (televisión, video-juegos, ordenador…).
  • Limitar el consumo de carnes rojas y procesadas. El alto consumo de carne roja y procesada se relaciona con un aumento del 20%  de cáncer colorrectal entre otros .Los métodos de cocinar, junto a la gran cantidad de sal y grasa pueden fomentar la formación de carcinógenos
  • Consumo de una dieta saludable con énfasis en la alimentación vegetal (DIETA ALCALINA). En el año 1931 el científico Otto Heinrich Warburg recibió el premio nobel por descubrir la causa primaria del cáncer en su tesis “La causa primaria y la prevención del cáncer”. Según él, el cáncer es la consecuencia de una alimentación antifisiológica y un estilo de vida antifisiológico. Una alimentación antifisiologica (dieta basada en alimentos acidificantes y sedentarismo), crea en nuestro organismo un entorno de acidez y éste, a su vez, provoca la expulsión del oxígeno de las células. Las dietas basadas en alimentos vegetales son típicamente altas en nutrientes y fibra dietética y bajas en densidad energética. Los alimentos vegetales sin almidón protegen ante cánceres de boca, faringe, laringe, esófago y estómago (Davis & Milner, 2010).Parece que la evidencia es más fuerte con la ingesta de alimentos vegetales sin almidón y de baja carga glucémica, en comparación con los de mayor carga glucémica. FRUTAS, VERDURAS Y LEGUMBRES (4-5 porciones diarias). Alimentos que no deben faltar en tu dieta ANTI-CANCER (Cítricos, kiwi, uvas, sandía, melón, papaya, pomelo, cerezas, frutos rojos (fresas, arándanos…), frutos de hueso (albaricoques, ciruelas…), granada, soja, brócoli, pimientos, zanahorias, lechugas, acelga, tomate, calabza, calabazín, puerro, ajo, cebolla, cúrcuma, frutos secos, bayas, alubias, lentejas, garbanzos, setas, granos integrales, pescado azul, carne ecológica, té verde, aceite de oliva, agua, zumo de limón (o con bicarbonato y agua), plantas medicinales (menta,lavanda, perejil, romero…).
  • Consumo de granos enteros en vez de refinados. El aumento en la ingesta de granos enteros ha sido asociado a una reducción del riesgo de cáncer, sobre todo del tracto gastrointestinal. Se recomienda evitar los glúcidos simples con alto índice glucémico, refinados y azucarados como la bollería y pastelería industrial, cereales, pasta y pan refinados. Parece que los alimentos que contienen fibra alimenticia podrían tener un efecto protector contra el cáncer, y más en concreto contra el cáncer colorrectal. Además son alimentos de bajo contenido calórico, lo que ayudaría a combatir el sobrepeso u obesida.
  • Adoptar un estilo de dieta mediterranea. Esto también incluye comer sentado y con la familia en un ambiente tranquilo y disfrutando de la comida y compañía. La dieta mediterránea (DM) se caracteriza por la ingesta diaria de aceite de oliva, abundantes alimentos de origen vegetal como las frutas, verdura y vegetales, frutos secos y semillas, cereales y legumbres,  consumo de pescado especialmente en los lugares cercanos a la costa, moderado o bajo consumo de lácteos (queso y yogurt sobre todo), moderado consumo de alcohol generalmente en forma de vino y un menos frecuente consumo de carne y sus derivados. La DM tiene efectos cardioprotectores, hay evidencia de que aumenta la expectativa de vida, disminuye las enfermedades crónicas como la diabetes tipo II y el síndrome metabólico, y sobre las enfermedades neurológicas (Buckland et al., 2011).
  • Evitar el alcohol y tabaco.  El alcohol ha sido clasificado como carcinógeno humano por la IARC. Además, podría influir en el rendimiento mental y físico de la persona. 2 bebidas alcohólicas diarias suaves (vino o  cerveza) para los hombres y una en el caso de las mujeres podrían tener efectos beneficiosos, con un descenso en enfermedades cardiovasculares, pero el consumo por encima de estos valores eleva el riesgo de padecer cánceres específicos, como el de boca, laringe, esófago, hígado, mama y colon. El tabaco es causa de 1/3 de los cánceres.
  • Evitar suplementos y aditivos nutricionales a no ser que sean necesarios. Los suplementos alimenticios incluyen vitaminas, minerales, hierbas, aminoácidos y combinaciones de estos. Más del 52% de los adultos Americanos hacen uso diarios de ellos y se eleva hasta 64-81% en los enfermos de cáncer. La evidencia científica afirma que el uso de suplementos no mejora la supervivencia de la enfermedad, es más, incluso podría aumentar la mortalidad de estos individuos.
  • Evitar el exceso de sal en las comidas.
  • Tomar el sol, pero con moderación.
  • Mantenerse alejado de productos químicos y ambientes contaminados.

2. Restricción de carbohidratos (CHO) en la dieta para el tratamiento y prevención del CÁNCER

El cáncer que está considerado la enfermedad de la civilización, raramente ocurría en las sociedades de cazadores-recolectores. La dieta de estos consistía en grasa, carne y ocasionalmente raizes, plantas, semillas, frutos secos, berros y otras fuentes de carbohidratos vegetales de bajo índice glucémico (20-40% de la energía en forma de CHO, 20-30% en forma de proteínas y 40-50% en forma de grasa). Hoy en día la típica “dieta Americana” que se consume en el mundo entero se caracteriza por comida rápda de CHO fácilmente digeribles derivadas de granos, grasas parcialmente hidrogenadas y ausencia de alimentos ecológicos, sobre todo frutas y verduras. Además esto está acompañado por el sedentarismo y los altos niveles de estrés de la sociedad, junto a la contaminación de los ríos, mares y el medio-ambiente en general.

El alto consumo de CHO sobre todo en forma de azúcares y otros alimentos con alto índice glucémico se han relacionado con las enfermedades modernas (obesidad, alzheimer, síndrome metabólico, diabetes y cáncer).

homer y donutsSe ha demostrado que en personas que desarrollaron cáncer, la secreción de glucosa en la orina desapareció. LAS CÉLULAS CANCEROSAS SE ALIMENTAN DE GLUCOSA Y SE PRODUCE UNA ACUMULACIÓN DE ÁCIDO LÁCTICO EN LOS TEJIDOS TUMORALES, incluso en presencia de oxígeno (glucolisis aeróbica). Se producen alteraciones en los genes supresores de tumores y activaciones en los onocogenes o genes que favorecen la carcinogénesis. Las células cancerosas no necesitan oxígeno para vivir y crecen a gran rapidez, más aun si las alimentamos de glucosa o CHO de asimilación rápida (azucar, bebidas azucaradas, pan blanco, bollería, cereales, golosinas, galletas…). Estas células que vive en hipoxia son particularmente quimio y radio-resistentes. Los altos niveles de insulina segregados debido a la alta presencia de glucosa en sangre producen aun una inflamación mayor y favorecen la activación de mecanismos hormonales y metabólicos que favorecen la proliferación celular y carcinogénesis, además de dar órdenes anti-apoptosicas (las células no se mueren) y crear nuevos vasos sanguíneos para alimentar el tumor (angiogénesis). LAS CONCENTRACIONES DE GLUCOSA DIABETOGÉNICAS (11mM) comparando con las normales (5mM) conducen a alteraciones de los genes anteriormente comentadas. Además estas concentraciones de glucosa impiden el transporte de ácido ascórbico a las células inmunes, por lo que el sistema inmunológico se ve disminuido, aumentando las citoquinas inflamatorias. Debido a la resistencia a la insulina que se provoca, el cuerpo utiliza las grasas y las proteinas como fuente de energía, provocando CAQUEXIA (pérdida drástica de masa muscular que conlleva al 20% de las muertes por cáncer).

Young Woman Eating Cherry TomatoLa restricción de CHO y el ayuno disminuyen la glucosa sanguínea y la segregación de insulina, evitando el ciclo de producción de carcinogénesis. Se ha demostrado que con dietas bajas en CHO (<30%CHO, 20% proteinas, 50-60% grasas) se atenuaron los efectos caquéticos del tumor, además de reducirse el crecimeinto del tumor. Los bajos niveles de insulina que presentan este tipo de dietas hacen que no se produzca semejante inflamación en el organismo, las células cancerosas ya no disponen de glucosa para alimentarse, se eliminan los vasos sanguíneos o angiogénesis producida por el tumor y debido a la formación de cuerpos cetónicos por la baja concentración de CHO, ayudan a proteger a la mitocondria de la inflamación y de los radicales libres. por otro lado, las dietas bajas en CHO son más saciantes que las dietas bajas en grasa, por lo que ayudan al sobreconsumo calórico. Además si las combinamos con AYUNOS INTERMITENTES favoreceremos a todo este proceso inflamatorio producido por altos niveles de glucemia.

Los cereales que venden en los supermercados, a parte de tener mucho azúcar, tienen un alto contenido en omega-6, lectiba y gluten que favorecen la inflamación, por lo que conviene  sustituirlos por otros tipos de alimentos (frutos secos, cereales integrales, semillas, frutas…).

Las dietas paleolíticas que excluyen los productos de los granos, bajas en CHO y generalmente procedentes de frutas y vegetales han demostrado mejorar el control de la glucemia, y factores de riesgo cardiovasculares más que las dietas bajas en grasas típicamente recomendadas, ricas en granos enteros y alimentos con alto índice glucémico.

Que el alimento sea tu medicina, que tu medicina sea el alimento” (Hipócrates)

Bosetti, C., Pelucchi, C., & La Vecchia, C. (2009). Diet and cancer in Mediterranean countries: carbohydrates and fats. Public health nutrition, 12(9A), 1595–600.

Davis, C. D., & Milner, J. A. (2010). Diet, Physical Activity and Cancer Prevention.  En Wilson et al. (Eds.), Nutrition and Health: Nutrition Guide for Physicians (pp. 379-393). Humana Press: New York, NY: humana Press.

Key, T. J., Schatzkin, A., Willett, W. C., Allen, N. E., Spencer, E. a, & Travis, R. C. (2004). Diet, nutrition and the prevention of cancer. Public Health Nutrition, 7(1a), 187–200.

Klement, R. J., & kammer, U. (2011). Is there a role for carbohydrate restriction in the treatment and prevention of cancer?. Nutrition & Metabolism, 8 (75), 1-16.

Kushi, L. H., Doyle, C., McCullough, M., Rock, C. L., Demark‐Wahnefried, W., Bandera, E. V., … & Gansler, T. (2012). American Cancer Society guidelines on nutrition and physical activity for cancer prevention. CA: A Cancer Journal for Clinicians62(1), 30-67.

World Cancer Research Fund / American Institute for Cancer research (2007). Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Cancer: A Global Perspective. Washington DC: AICR.

 

 

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