Salud Ósea


El esqueleto proporciona soporte y protección de los órganos internos por medio de la acción de los músculos permitiendo el movimiento. Conforme nos hacemos mayores los huesos se hacen más frágiles, siendo más propensos a fracturas. Tanto la poca fuerza muscular, como el escaso equilibrio en la tercera edad aumentan el riesgo de caídas que pueden provocar fracturas.

Biología del hueso

huesoUn adulto tiene 10-12 kg de hueso, un tejido dinámico con alta actividad metabólica, compuesto de material orgánico, en matriz inorgánico y una pequeña cantidad de agua. El componente orgánico es principalmente colágeno. Los componentes inorgánicos principales son calcio y  fostato. Aún después de la fase de crecimiento el esqueleto sigue en un estado dinámico cambiando entre un 1-10% de la masa ósea cada año que permite mantener los niveles de calcio, reparar las microfracturas y el daño producido por las actividades diarias. Los osteoclastos y los osteoblastos son los encargados de este proceso de destrucción-reparación y de remineralización, ya que la densidad mineral óseadetermina el 70% de la fuerza del hueso.

osoeLa masa ósea aumenta durante el crecimiento y alcanza su pico hacia el final de la segunda década. A
partir de la pubertad, la masa ósea es alrededor de un 20% mayor en hombres que en mujeres. Hasta los 50 años, la masa ósea se mantiene estable y a partir de ahí comienza un deterioro progresivo, más marcado en las mujeres, debido a la menopausia. Las diferencias en el tamaño, forma y densidad mineral ósea son largamente atribuibles (50-85%) a factores genéticos. A pesar de ello, el estilo de vida son también de gran relevancia. Por ejemplo una ingesta baja de calcio puede repercutir en el crecimiento óseo durante la fase de crecimiento y llevar a una pérdida de masa ósea mayor en la edad adulta.

Osteoporosis

adsajsdEsta enfermedad es un desorden esquelético caracterizado por una reducida masa y densidad mineral  ósea y deterioración microarquitectúrica del tejido óseo, teniendo como consecuencia un incremento de la fragilidad y susceptibilidad a fracturas. En las mujeres, la pérdida de estrógenos circulatorios (efectos de conservación del hueso) alrededor de la menopausia, es una de las causas principales de pérdida de masa ósea.

Los lugares más comunes de fracturas osteoporóticas son la cadera, las vértebras y la muñeca. La incidencia de fracturas aumenta con la edad. El 17% de las mujeres de color blanco mayores de 50 años y el 6% de los hombres tendrán una fractura de cadera a lo largo de su vida y muchos de ellos no podrán caminar de forma independiente a consecuencia de ello.

El principal tratamiento de la osteoporosis se centra en los agantes que reducen la pérdida de masa ósea. Los bifosfonatos, suplementación de calcio (reduce el riesgo de fracturas en un 24%), suplementación de vitamina D y calcitonina (inhibe la acción de los osteoclastos de destrucción del hueso) son los principales tratamientos. Los estrógenos no están recomendados porque aumentan el riesgo de padecer varios tipos de cáncer.

La actividad física como constructora del hueso

Son 2 los factores principales que determinan si un individuo está desarrollando o no, osteopenia u osteoporosis. 1) Su pico de masa ósea en la juventud y 2) la frecuencia de pérdida de hueso con la edad.

La actividad física ofrece una carga mecánica que favorece al crecimiento y mantenimiento de la masa y densidad mineral ósea. La estructura ósea se crea en relación a la carga que debe soportar. Por lo tanto, la actividad física y el incremento de masa muscular fortalecen el hueso y aumentan la masa y densidad mineral ósea. Esto es debido a la capacidad de supercompensación o adaptación del hueso para añadir masa ósea debido a las tensiones o micro-traumatismos producidos por las actividades diarias que suponen un estímulo mecánico importante. En cambio, la inmovilización por lesión, sedentarismo o un viaje al espacio conllevan a una pérdida de masa ósea.

La niñez y la adolescencia presentan una “ventana de oportunidad” para el desarrollo óseo, ya que el hueso que está en fase de crecimiento tiene mayor capacidad para añadir nueva masa ósea, en comparación con el hueso adulto. Por lo tanto la actividad física de impacto (caminar, correr, saltar, juegos, atletismo, deportes colectivos…) y de levantamiento o transporte de objetos pesados (deportes de combate, autocargas y pesas…) serán relevantes para conseguir un esqueleto con la máxima calidad que permita retrasar los procesos de envejecimiento y pérdida de masa ósea en la edad adulta.

seoseLos estudios realizados han demostrado que los atletas presentan mayor densidad mineral ósea y masa ósea que los inactivos, especialmente en aquellos lugares del cuerpo en los que el impacto, pesos o cargas han sido solicitados. La siguiente gráfica es un claro ejemplo de ello, en la que se muestra que las jugadoras de tenis y squash que comenzaron a practicarlo de joven (antes de la menarquia) presentaban mayor densidad mineral ósea y masa ósea en el húmero en la edad adulta.

Los estudios que han realizado programas de ejercicio físico en personas previamente sedentarias han encontrado aumentos del 1-3% en la densidad mineral ósea. Los programas de intervención se realizaron corriendo, haciendo ejercicios de pesas y movimientos de fuerza, aerobic y actividades de salto de alto impacto que pueden crear fuerzas de reacción del suelo hasta 6 veces la masa corporal. Por lo tanto, se demostró que la combinación de ejercicios de Fuerza (tronco superior e inferior) con los de impacto son los que producen mayores ganancias y los efectos osteogénicos son específicos en cuanto a que las ganancias se producen en los lugares estimulados.

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Actividad física y riesgo de fracturas

La evidencia científica sugiere que la actividad física está asociada con un menor riesgo de fracturas de cadera (55% menor riesgo en mujeres con una actividad de 24 MET-h semana en comparación con sedentarias). Entre las que caminaban al menos 4 horas semanales el riesgo de padecer fracturas fue un 41% menor que las que caminaban menos de 1 hora semanal. El riesgo de fracturas aumenta con bajos niveles de fuerza y masa muscular, pobre movilidad articular, equilibrio, salto y tiempo de reacción.

Actividad física y osteoartritis

La osteoartritis es la forma más común de artritis caracterizada por cambios degenerativos en el hueso y los cartílagos de las articulaciones (dedos, rodilla, cadera, espina lumbar). A partir de los 50 años, 8 de

10 personas de ven afectadas. Los estudios epidemiológicos han demostrado que la participación de deportes de alta intensidad con impactos directos en las articulaciones, torsiones y giros aumenta el riesgo de osteoartritis. A pesar de ello, el riesgo de osteoartritis es mayor en personas con historias de trauma o sobrepeso.

Los programas de ejercicio físico compuestos por ejercicio aeróbico (normalmente en forma de caminar) y ejercicios de fuerza para fortalecer los cuádriceps y manejar el dolor, han dado muy buenos resultados en términos de disabilidad, capacidad cardiopulmonar, masa y densidad mineral ósea y percepción de dolor.

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Hardman, A. E., & Stensel, D. J. (2009). Physical activity and health. The evidence explained (second edition). Chapter 9: Skeletal Health. Routledge: New York.

Erreka Gil

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