Enfermedades cardiovasculares y actividad física. Moviliza tu corazón!


¿Qué es la enfermedad cardiovascular?

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Enfermedad cardiovascular en un término que abarca a un grupo de desordenes o patologías del corazón y de los vasos sanguíneos. Entre ellos los más conocidos son la enfermedad artero-coronaria, en la que el flujo sanguíneo que va al miocardio se ve comprometido debido a un estrechamiento progresivo o bloqueo repentino de alguna arteria coronaria. Un ataque al corazón se produce cuando no llega suficiente flujo sanguíneo al miocardio debido a un trombo o un espasmo arterial; el “ictus” o accidente cerebrovascular se produce cuando un baso sanguíneo del cerebro se ve bloqueado o debido a una hemorragia en los tejidos del cerebro; y la hipertensión o exceso de presión sanguínea arterial que provoca un aumento del gasto cardíaco, daña la pared arterial y aumenta el riesgo de producir rupturas en pequeños vasos sanguíneos.

La ateroesclerosis es el proceso de estrechamiento de la arteria debido a la acumulación de lípidos en las paredes de las arterias, dificultando el flujo sanguíneo. Como consecuencia la sangre hace presión contra las paredes de las arterias para continuar con su ciclo transitorio. Esa placa aterosclerótica crece gradualmente y cuando esa lesión restringe el flujo sanguíneo en un 45% aproximadamente, aparecen los síntomas, debido a que los tejidos no reciben la cantidad suficiente de sangre.

 corazonLas enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte a nivel mundial. En el Reino Unido, cada año más de 1/3 muertes son debidas a estas enfermedades y en Europa alrededor del 40% de las muertes en hombres y 50% en mujeres. La mayoría de estas muertes son en forma de enfermedad artero coronaria o ictus. Además con la inversión que se está dando en la pirámide poblacional, aumentando el número de personas mayores, junto a la alta inactividad física y alimentación inadecuada, la tendencia de este tipo de enfermedades parece ser ascendente.

Factores de riesgo

cardiLa evidencia recogida a lo largo de muchos años ha identificado varios  factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares que son esenciales para adoptar estrategias de prevención y para el manejo de la enfermedad. Además de los factores de riesgo que aparecen el en gráfico también se han identificado otros más recientes, así como alto número de lipoproteinas de baja densidad (colesterol del “malo”) y marcadores de inflamación (proteina C-reactiva, interleukina-6…). La inactividad física y la baja capacidad cardiopulmonar también son dos de los factores de riesgo más importantes que no aparecen en la gráfica pero que conllevan al sobrepeso y la obesidad.

La gráfica representa la prevalencia en la población Británica de unos de los mayores factores de riesgo de enfermedad cardiovascular. Se puede apreciar por ejemplo que el 70% de la población Británica tiene el colesterol elevado, un 35% presenta hipertensión y un 30% obesidad central.

El sobrepeso y la obesidad como factores desencadenando de muchas enfermedades y entre ellas las enfermedades cardiovasculares, no pasan desapercibidas entre la población Española. El 60% de los adultos (>18) tiene sobrepeso u obesidad y estos números se incrementan en la población más mayor.

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Entre los factores de riesgo no-modificables destacan la historia familiar o la genética (familiares con enfermedad cardiovascular prematura o <55 años para los hombres y <65 para las mujeres), la edad (mayor riesgo conforme avanza la edad), el género (mayor riesgo en hombres) y la etnia. Entre los factores de riesgo modificables destacan los altos niveles de colesterol, la inactividad física y la baja capacidad cardiopulmonar, la hipertensión, el tabaquismo, la obesidad y la hiperglucemia o diabetes.

Estilo de vida saludable para prevenir enfermedades cardiovasculares

riskNo hace falta hacer gran cosa para prevenir las enfermedades cardiovasculares. Basta con adoptar un estilo de vida saludable, haciendo actividad física, evitando largos periodos de inactividad, llevar una alimentación saludable evitando el azúcar y los hidratos de carbono simples (monosacáridos) de rápida absorción, evitando el tabaquismo y el alcohol en la medida de lo posible y manteniendo una buena salud mental. Prueba de ello es la siguiente gráfica que ilustra el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares dependiendo los comportamientos que adopta el individuo. En este estudio se agrupo a los participantes respecto a la adherencia a los siguientes comportamientos de estilo de vida saludable: Dieta mediterránea, actividad física (>30min AF moderada al día), no-fumador y consumo moderado de alcohol (<5gr/día) y el índice de masa corporal en un rango saludable (<25 kg*m2). El resultado fue que los que se ajustaban a 3 de estos 5 hábitos saludables tuvieron un 47% menos riesgo de padecer cualquier enfermedad cardiovascular y los que tenían una adherencia a los 5 comportamientos un 83% menos riesgo que los que no respetaban ningún comportamiento saludable.

Se activo. Efectos de la actividad física y la capacidad cardiopulmonar en la prevención de enfermedades cardiovasculares

El efecto protector dsCXe la actividad física frente a las enfermedades cardiovasculares se observó en el año 1950 por el profesor Jeremy Morris y colaboradores. Ellos compararon la actividad física de los conductores de autobús doble de Londres con la de los “picas” o los encargados de cobrar a los viajeros que caminaban continuamente por el autobús. Estos últimos tuvieron menos de la mitad de ataques al corazón que los chóferes. A partir de entonces comenzaron de llevarse a a cabo numerosos estudios y todos ellos coinciden en que la actividad física es una herramienta eficaz para prevenir este tipo de enfermedades.

La gráfica de la parte de la izquierda demuestra que la dosis y el tipo de ejercicio también influye en el futuro desarrollo de enfermedades. Las personas que más volumen de actividad física semanal realizaron (>41 MET-h/semana equivalente a 1 hora y media diaria de paseo)  mostraron casi la mitad de riesgo cardiovascular que los sedentarios. A mayor intensidad de la actividad física también se observaron mayores beneficios, así como a mayor duración semanal corriendo, caminando o haciendo ejercicios de musculación.

Los mismos resultados se encuentran al comparar la capacidad cardiopulmonar o el VO2max y el riesgo cardiovascular, por lo que merece la pena hacer ejercicio que estimule el bombeo del corazón para evitar las enfermedades provocadas por el sedentarismo y la mala alimentación.

Pero, ¿a que se deben estos efectos?

Unos de los mayores mecanismos es la mejora en el metabolismo lipídico, descendiendo los niveles de triglicéridos y lipoproteninas de muy baja y baja densidad (colesterol del malo) y aumentando las lipoproteinas de alta densidad (colesterol del bueno). Se han demostrado correlaciones positivas entre los kilómetros recorridos a la semana y la cantidad de lipoproteinas de alta densidad. Otro de los factores que favorecen en la prevención de enfermedades cardiovasculares en la presión sanguínea que se ve disminuida en los practicantes de ejercicio físico. Además los deportistas tienen arterias con una cavidad mayor, por lo que el flujo sanguíneo circula sin preocupaciones, mientras que en los más sedentarios, el estrechamiento de las arterias provoca atascos en las autopistas que van hacia nuestro corazón. Por último, la práctica constante de ejercicio físico provoca mayor flujo sanguíneo y nuevos vasos sanguíneos que forman nuevas carreteras hacia los vasos coronarios y hacen que aumente el volumen sanguíneo que va al miocardio.

Rehabilitación Cardíaca. Ejercicio físico como terapia para enfermos cardiovasculares

Hasta hace no mucho tiempo, como en muchas otras enfermedades, a los enfermos cardiovasculares se les aconsejaba reposo y un estilo de vida tranquilo, sin aumentar mucho la frecuencia cardíaca por el miedo de que el corazón dejase de latir. El ejercicio físico provoca esos cambios que se han mencionado previamente a nivel lipídico, presión arterial y volumen sanguíneo que le van a resultar beneficiosos a la persona enferma. Hoy en día algunos hospitales tienen programas específicos de rehabilitación cardíaca en la que los enfermos de manera controlada y supervisada realizan ejercicio físico dentro del hospital en una primera fase, para posteriormente realizarlo por su cuenta o en centros especializados. Es muy conveniente realizar una prueba de esfuerzo, a poder ser con gases (se pueden detectar y ver la evolución en ciertos parámetros ventilatorios y cardiovasculares) para posteriormente individualizar la intensidad y duración del trabajo a realizar.

Un tratamiento multidisciplinar englobaría la práctica de ejercicio físico, nutrición y el tratamiento psico-social y el establecimiento de otros hábitos saludables, evitando los perjudiciales (tabaquismo, alcohol, estrés…). 

La rehabilitación cardíaca en general consiste en 3 fases.

  • Fase 1: En el hospital. Hay que identificar al paciente, conocer su riesgo y concienciarlo de la necesidad de adoptar un estilo de vida saludable.
  • Fase 2: Intrahospitalaria, unidad especializada, centro de salud o domiciliaria (dependerá del nivel de riesgo del paciente). Comienza a realizar ejercicio físico en un programa organizado. Se realiza una consulta (historia clínica, estratificación del riesgo, establecimiento de objetivos, revisar tratamiento farmacológico…).
  • Fase 3: Extrahospitalaria (centros especializados, instalaciones deportivas…). Se recomienda hacer controles periódicos para analizar la adherencia al programa, medicación…

Dentro del programa de ejercicio físico, la combinación de ejercicios de fuerza y actividades de resistencia han deparado los mejores resultados.

dCEl ejercicio de fuerza nos proporcionará una ganancia en la masa y fuerza muscular muscular, aumentando el metabolismo basal. Como consecuencia el gasto calórico será mayor y facilitará la oxidación de ácidos grasos y disminución del colesterol. Aumenta la sensibilidad a la insulina, por lo que los niveles de glucosa sanguínea disminuirán. En general se recomienda realizar este tipo de ejercicios 2-3 veces por semana (30min-1 hora), 1-3 series de 8-15 repeticiones a una intensidad del 50-80% de 1RM (repetición máxima) o a una percepción del esfuerzo de 12-16 en la escala de Borg (6-20) combinando ejercicios del tren superior con los del inferior para favorecer al retorno venoso y a la circulación. El ejercicio de resistencia, por el contrario, tiene mayor influencia en el porcentaje graso y en parámetros cardiovasculares, aumentando el volumen sanguíneo, volumen sistólico, disminuyendo la FC de reserva y el gasto cardíaco, así como la presión sanguínea. En lineas generales, los enfermos cardiovasculares deberían de hacer ejercicio físico de resistencia 5 días o más por semana (30-60 min), caminando, andando, bici u otras modalidades, a una intensidad progresiva desde el 55% de la FCmax hasta el 90% o a una percepción del esfuerzo entre 12-16.

Dentro del entrenamiento de resistencia, a grandes rasgos podríamos diferenciar el aeróbico continuo de mayor duración y el interval training a mayor intensidad.

El interval training consiste en combinar periodos o series a alta intensidad de corta duración con periodos de descanso o baja actividad. Este tipo de entrenamiento tiene una duración más corta y solicita en mayor medida a las fibras musculares rápidas y glucolíticas. Aunque durante el ejercicio la oxidación de ácidos grasos no es muy alto, si que lo en en la fase post-ejercicio debido a la respuesta hormonal. Este tipo de entrenamiento no se aconseja en todos los pacientes y debe hacerse de forma progresiva. Es una buena manera de aprovechar el tiempo y es seguro en pacientes suficientemente entrenados.Induce adaptaciones fisiológicas superiores y en menor tiempo podemos conseguir los mismos resultados que con el entrenamiento aeróbico tradicional, pudiendo ser más divertido si lo combinamos con ejercicios de fuerza intercalados. Aumenta el VO2max en mayor medida que el entrenamiento aeróbico a intensidades moderadas, produce mayores adaptaciones de las fibras tipo II, mejora la tensión arterial y la sensibilidad a la insulina, así como la actividad enzimática y de los transportadores.

 

Por último se deberían de hacer controles periódicos del colesterol, glucemia, presión sanguínea, FC reposo y capacidad cardiopulmonar con el objetivo de evaluar el programa y adaptarlo a las nuevas necesidades.

Hardman, A. E. & Stensel, D. J. (2009). Physical Activity and Health. The evidence explained. New York: Routledge

V Curso Rehabilitación Cardíaca y Prevención Secundaria (2014). Hospital Universitario Ramón y Cajal. Madrid

Erreka Gil

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