Obesidad: ¿Cuestión de genética o de malos hábitos?


¿Es la obesidad un simple exceso de grasa? ¿Por qué nos encontramos ante una epidemia mundial de obesidad? ¿Qué consecuencias puede tener? ¿Cómo podemos frenar esta epidemia? ¿Hasta que punto influye la genética?
La obesidad es una ENFERMEDAD A ESCALA MUNDIAL caracterizada por una acumulación excesiva de grasa corporal, con múltiples consecuencias patológicas en órganos específicos.

obesidad_infantilLa obesidad en la mayoría de los casos es el resultado de un desequilibrio crónico entre la ingesta calórica y el gasto energético. La ingesta calórica diaria depende de la cantidad de calorías y de los tipos de alimentos consumidos, así como de los efectos de cada una de esos alimentos o la interacción de ellos. El gasto calórico, por otra parte, depende del gasto metabólico basal (calorías que gastamos en estad de reposo para nuestras necesidades biológicas), del efecto termogénico de los alimentos (digestión…) y del gasto energético por la actividad física. Claro esta que en el apartado que mayor influencia podemos tener es en el gasto energético mediante la actividad física, ya que los otros dos no varían en exceso.

Los genes también contribuyen al desarrollo de la obesidad. De hecho, debido al carácter evolutivo del ser humano que ha tenido que pasar por épocas de escasez y de hambruna, se ha ido desarrollando un genotipo ahorrador que tiende a almacenar la grasa para poder afrontar esas épocas de escasez. Este genotipo ahorrador ha sido el que nos ha permitido sobrevivir en esos periodos de hambruna a lo largo de la historia, mientras que los más delgados y frágiles eran los primeros en quedarse en el camino.

Estudios que han comparado la relación entre el peso de los padres biológicos y los adoptivos con los de los hijos, han demostrado una clara predominancia genética sobre la adiposidad. por lo tanto podríamos decir que la obesidad es el resultado de la interacción entre los genes y el medio ambiente o estilo de vida.

A continuación en el siguiente gráfico (Levine et al., 2005) podemos observar un análisis de la actividad física diaria de personas con “normopeso” y obesas que se realizó mediante acelerómetros e inclinómetros. Comparando con los individuos obesos, los normopesos trascurrieron mayor tiempo de pie y moviéndose (las dos barras de la derecha) y menor tiempo sentados (las barras centrales). Los dos grupos se describieron a si mismos como personas sedentarias, sugiriendo que altos niveles de actividad física pueden prevenir la obesidad.

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¿Cómo puedo saber si tengo sobrepeso u obesidad?

Hay diferentes métodos para medir la obesidad.

  1. Índice de masa corporal (kg/altura al cuadrado en metros)
  2. Perímetro de cintura, perímetro abdominal, índice de cintura cadera, índice cintura-talla
  3. Porcentaje graso (mediante cineantropometría, DXA o Bioimpedancia)
  4. Niveles de leptina

Entre ellos, el más común y más sencillo de utilizar es el índice de masa corporal (IMC), pero no es el más preciso, como veremos a continuación, ya que subestima la obesidad en una gran parte de la población. Según el IMC se clasifica al individuo en los siguientes rangos que aparecen a continuación. Un IMC “normal” en adultos se situaría entre 18,5 y 25. Se considera sobrepeso un IMC >25 y obesidad un IMC >30.

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La prevalencia de obesidad varía desde el 0,7% hasta el 78,5% entre países y la obesidad se ha triplicado en lugares como Japón, Brasil, Inglaterra o Los Estados Unidos en los últimos 20-30 años.

En  mapa mundial más reciente elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con los datos disponibles de los paises revela la alta prevalencia de obesidad a nivel mundial y concretamente en los países desarrollados, mostrando valores de sobrepeso u obesidad por el 50% de la población en países como EE.UU, Canadá, Chile, Arabia Saudí, Turquía, España, Grecia, Inglaterra etc. En España concretamente cerca de un 54% de la población padece sobrepeso u obesidad. En EE.UU. el 64% de la población padece sobrepeso u obesidad y un 36% son obesos. Además lo más alarmante es que esta misma tendencia se está dando en los niños, padeciendo enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer etc. con edades más tempranas.

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En la siguiente tabla se presenta la prevalencia de OBESIDAD en España clasificada por grupos de edad. La prevalencia de obesidad entre los más pequeños (2 a 24 años) se estima en un 13,9% y el sobrepeso + obesidad en un 26,3%. En la edad adulta, el grupo de 55-64 años es el que mayor tasa de obesidad presenta (28,5%), frente al 5,9% del grupo de 25-34 años. Las mujeres presentan mayor tasa de obesidad que los hombres en la edad adulta, al contrario que en niños.

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Sin embargo, el IMC es un indicador que puede subestimar los casos de obesidad, tal y como lo demuestra un estudio Estadounidense conducido por Shah y Braverman (2011) que compararon la adiposidad midiéndola con 3 métodos diferentes: IMC, leptina y porcentage de grasa corporal. El IMC ignora unos factores importantes que afectan a la adiposidad. En mujeres conforme avanza la edad, se da una mayor pérdida de masa muscular que en hombres, pudiendo conllevar obesidad sarcopénica. Por el contrario, hombres con mayor masa muscular pueden ser considerados como “sobrepeso” utilzando el IMC.  Por ello, el porcentage graso es un método más objetivo para medir la adiposidad.

Uno de los resultados del estudio fue que el IMC y el porcentaje graso concidieron en el 60% de los casos, mientras que un 40% fue clasificado como no-obesos por medio del IMC, mientras que el análisis dela composición corporal lo determinó como obesidad. El 48% de las mujeres (debido a la menor masa muscular) no fueron clasificadas como “no-obesas” (rango de 18.5-25 en el IMC) al mismo tiempo que que presentarón un porcentage graso mayor del 30% (obesidad). Por el contrario, el 25% de los hombres fueron clasificados como obesos por el IMC, pero en realidad presentaban un porcentaje graso <20%, es decir, no eran obesos (debido al desarrollo muscular). por lo tanto, utlizando el IMC en las mujeres hay una alta subestimación de la obesidad (del 48%), debido en gran medida a la menor masa muscular en comparación con los hombres. En edades avanzadas (>50 años), el error aún fue mayor en mujeres (50-60% de mujeres mal-clasificadas), debido en gran parte a la obesidad sarcopénica.

En el siguiente gráfico, todos los puntos que quedan dentro del cuadrado amarillo son los casos que quedarían subestimados por medio del IMC, pero que en realidad son obesos por medio de porcentaje graso.

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La Asociación Médica Americana determina la obesidad respecto al porcentage graso en ≥25% en hombres (18-25% sobrepeso) y  ≥30% en mujeres (25-30%sobrepeso). Según el estudio NHANES que utiliza el IMC como método de estimación de la obesidad, el 35.5% de las mujeres Estadounidenses son obesas. Sin embargo, la medición del porcentage graso determina que realmente el 64,1% de las 99.8 millones de Americanas padecen obesidad. Por ello, los autores del estudi sugieren utilizar diferentes puntos de corte en el IMC, dado a la gran subestimación de casos, sobre todo en mujeres y en la edad adulta. Para ello, sería más recomendable marcar la obesidad en 24 para mujeres y 28 para hombres.

La leptina es un péptido secretado por los adipocitos y regula el balance energético del cuerpo, actuando como regulador para reducir la ingesta calórica (señales de saciedad) e incrementando el gasto calórico (conforme las células grasas se hacen más grandes, segregan más leptina para estabilizar o reducir la ingesta calórica y prevenir un aumento de peso no deseado). En individuos con receptores insensibles, ni el transporte ni la acción de la leptina es posible, por lo que se segrega más y aumentan los niveles de leptina (hay una estrecha relación entre la obesidad y la cantidad de leptina). En individuos con genes defuctuosos que no producen leptina, el apetito no es inhibido, por lo que siguen comiendo y aumentan aún más su masa grasa. El incremento de leptina está asociado a un mayor proceso inflamatorio, a un incremento de la obesidad, diabetes tipo II, hipertensión y lesión miocárdica.

Alteraciones asociadas a la obesidad (Consenso SEEDO, 2007)

La obesidad aumenta el riesgo de padecer otro tipo de enfermedades, desde la diabetes tipo II hasta enfermedades cardiovasculares o cáncer. Además, la adiposidad tiene una estrecha relación con una reducción de supervivencia saludable, sobre todo en mujeres.

Entre las alteriaciones más importantes destacan las siguientes:

  • Enfermedades cardiovasculares: Cardiopatía isquémica, Ictus o enfermedad cerebrovascular
  • Alteraciones cardiorespiratorias: Insuficiencia cardíaca congestiva, insuficiencia ventilatoria, sindrome de apneas obstructivas del sueño
  • Alteraciones metabólicas: Resistencia a la insulina y Diabetes tipo II, Hipertensión arterial, dislipemia aterógena, hiperuricemia
  • Alteraciones de la mujer: Disfunción menstrual, síndrome de ovarios poliquísticos, infertilidad, aumento de riesgo perinatal, incontinencia urinaria
  • Digestivas: Colelitiasis, Esteatosis hepática, cirrosis, reflujo gastroesofágico
  • Musculo-esqueléticas: artrosis, lesiones articulares, deformidades óseas
  • Otras: Insuficiencia venosa periférica, enfermedad tromboembólica, cáncer (vesícula, mama, endometrio en mujeres y colon, recto y próstata en hombres), alteraciones psicológicas y psicosoaciales, disminución de la calidad e vida, trastornos en el comportamiento alimentario y disminución de la esperanza de vida.

En el siguiente gráfico se puede observar como las personas con obesidad (grado I, II y III) tienen mayor prevalencia de diabetes tipo II, enfermedad de besícula biliar, enfermedad artero-coronaria, alto colesterol y tensión arterial y osteoartritis.

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Con la combinación del IMC y el perímetro de cintura se puede estimar en mayor medida el riesgo de presentar comorbilidades mayores. En la siguiente tabla se muestra como aunque una persona presente un rango de IMC normal o saludable (18,5-25), teniendo el perímetro de cintura por encima de 102 cm (hombres) o 88 (mujeres) puede tener un riesgo ligeramente aumentado.

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Estrategias para tratar la obesidad

qeqobesidad+ejercicioEn el tratamiento de la obesidad, el plan de ALIMENTACIÓN Y la ACTIVIDAD FÍSICA son pilares fundamentales para conseguir un balance energético negativo. La restricción energética (dietas hipocalóricas) de 500 a 1.000 kcal/día respecto a la dieta habitual se traduce en una pérdida ponderal de 0,5.1,0 kg/semana, lo que representa un 8-10% del peso a lo largo de 6 meses (el objetivo principal es que esta pérdida de peso perdure en el tiempo, con cambios conductuales que vayan transfromándose en hábitos). En lineas generales, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO, 2007) recomienda una ingesta equilibrada de macronutrientes con predominancia de los hidratos de carbono complejos o de absorción lenta (ensaladas, verdura, fruta…), una moderada ingesta de grasa con predominancia de grasas mono y poliinsaturadas y un consumo moderado de proteinas. En el apartado de la actividad física  se recomienda fijar un objetivo de 300 minutos de actividad física moderada semanales (45-60 minutos diarios para prevenir la obesidad y 60-90 min/diarios prevenir la recuperación del peso en obesos, los cuales se

adfairán alcanzando de forma progresiva. Además se recomienda realizar al menos 2 días semanales de ejercicios de fuerza o tonificación mediante circuitos continuos para mantener la masa muscular, fortalecer las articulaciones y consumir mayor número de calorías. La actividad física aporta numerosos efectos positivos como los que se pueden leer en la siguiente tabla. Entre ellos, la prevención de comorbilidades asociadas a la obesidad será el objetivo principal, ya que nos encontramos en una fase sensible para padecer otro tipo de enfermedades. La reducción de triglicéridos y tejido adiposo visceral, así como la reducción de inflamación, tensión arterial, insulinemia, glucemia y colesterolemia serán unos de los efectos más poderosos de la actividad física.

 En el siguiente gráfico podemos ver gráficamente el resultado de un estudio en el que se llevó a cabo una intervención de 18 meses en personas sedentarias con sobrepeso y obesidad con una edad de 17-35 años. Los participantes que realizaron 200min de ejercicio físico semanal controlado (cerca de 30 minutos diarios) perdieron 13.1 kg después de año y medio y los que realizaron menos de 150 minutos de ejercicio físico semanal tan solo perdieron 3.5 kg al año y medio.qd

Y para finalizar, ya que una imagen vale más que mil palabras, he aquí el resultado de un programa de entrenamiento combinando dieta y ejercicio físico durante 16 semanas. Las imágenes están sacadas por resonancia magnética y muestran un corte en el plano transversal de la columna lumbar  de un hombre y de una mujer. Tras 16 semanas de programa el hombre perdió 21 kg y la mujer 11. El hombre perdió un 60% de tejido adiposo visceral y la mujer un 32%. Se puede observar por la disminución del color blanco en la zona central. Este tipo de grasa es la más peligrosa ya que se queda adherida a los órganos y dificulta sus funciones produciendo una gran inflamación y fuente de toxinas.

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Hardman, A. E. & Stensel, D. J. (2007). Physical activity and health. The evidence explained. New York: Routledge

Shah, N. R. & Braverman, E. R. (2011). Measuring adipocity in Patients: The utility of body mass index, percent body fat, and leptin. PlosOne, 7(4), e33308.

Consenso SEEDO 2007. Obesidad

Erreka Gil

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